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¡Bienvenidos al Meno Acontecer de julio 6, 2015!

6.19. 2015 Written By: Rafael Barahona 66 Times read

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El miércoles 17 de junio recién pasado en un reporte publicado en el journal “PLOS One” los investigadores anunciaron que ingerir cualquier cantidad de grasas trans, o aceites hidrogenados contenidos en los alimentos afecta y causa estragos en la memoria.

Las grasas artificiales trans que son aceites parcialmente hidrogenados, están destruyendo la memoria, y el FDA (Organización contralora de Alimentos y Drogas) requerirá que sean eliminadas de la producción de alimentos para el 2018. Desde hace muchos años, estas grasas hidrogenadas, han sido reconocidas como inseguras para el consumo humano, pues por sus depósitos producen las enfermedades coronarias y los ataques cardiacos, tan comunes en estos tiempos. Estos hidrogenados vienen mayormente en los productos envasados horneados, las galletas y las margarinas.

En el estudio aludido, usando a más de 1000 personas con buena salud, comprobaron que las grasas trans causan siniestros trastornos en la memoria. Hay amplia evidencia, dice el estudio, que las grasas trans promueven un daño oxidante a las células, desestabilizando las moléculas de oxígeno, que a su vez desestabilizan el ADN y las proteínas, haciendo que estas células mueran.

Ya no es novedad que el alimento que consumimos está contaminado con ingredientes que son fatales para el organismo. Sin embargo los hemos estado consumiendo por largos años y dándolos por aceptables porque la administración de alimentos y drogas (FDA) nos dijo entonces que estaba bien. ¡Que ilusos somos! ¿No es tiempo de que entendamos que si las cosas que nos ofrecen no son puras, entonces son impuras o contaminadas? ¡Son elementos extraños que al continuar comiéndolos nos dañarán la salud hasta causarnos la muerte prematura!

Pero aquí estamos… las enfermedades que sufrimos tienen que ver con lo que consumimos y con lo que respiramos. No obstante, en aras de la ciencia y el avance tecnológico que hemos endiosado, dañamos el medio-ambiente y la salud de cada habitante de este planeta. Lo triste es que lo negamos, y justificamos a la mal llamada ciencia comiendo las basuras y venenos que nos ofrecen en atractivos, brillantes y tentadores envoltorios, creyéndole a la convincente y profusa propaganda, que llena sus bolsillos y vacía los nuestros, y peor aún, nos envía a los médicos y hospitales con las enfermedades adquiridas.

De la misma manera, la iglesia ha estado ingiriendo las opiniones de ciencias y teorías no comprobadas y de teólogos mal informados, que ingerir pequeñas cantidades de argumentos extraños no nos afectaría. ¡Que ilusos!! ¿No hemos leído Gálatas 5:9? ¡Un poco de levadura leuda toda la masa!! La iglesia ha sido contaminada al mezclar la Palabra con las opiniones, teorías y argumentos maquinados por el activismo del libertinaje moral en la cultura dominante, y que muchos desatinados teólogos abrazan despreciando la eterna Palabra de Dios.

El mal de la desviación sexual no es nada nuevo; desde Génesis la Biblia lo menciona, como algo abominable a Dios. Desafortunadamente en estos tiempos ha adquirido características de epidemia y plaga, peor que la peste bubónica de siglos atrás. No hay día en que los medios informativos no estén blandiendo este asunto ante la población. Es penoso observar, como el engaño de argumentos pseudo-científicos y estadísticas manipuladas han convencido a la sociedad en que vivimos, para creer y apoyar la desviación sexual de la humanidad; y la iglesia ha comprado todo el paquete.

Lo cierto es que el diseño de Dios no incluye ninguna alternativa; Dios creó hombre y mujer, cada uno con su función complementaria. Pero la perversión humana, ahora disfrazada con brillantes colores, nos vende aquel estilo de vida -inaceptable ante Dios- para que nosotros lo encajemos dentro de la iglesia.

Entendamos claro, ¡Dios no ha cambiado! y continúa amando al perdido pecador; es más, toda iglesia que se precie de Cristiana debe acoger al pecador, así como fuimos acogidos un día nosotros mismos. No importando cual haya sido el pecado. Sin olvidarnos, y con el bien entendido, que Dios desea liberarnos de las ataduras de este mundo perdido, liberarnos del pecado y transformarnos en una nueva criatura, haciéndonos parte de Su iglesia. Esto no ha cambiado ni cambiará, pues fue la razón de Cristo al venir a este mundo; redimirnos de nuestro pecado. Tal como Jesús le dijo a la mujer samaritana, “ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

La cultura dominante ha estado alimentando a la iglesia sus grasas artificiales hidrogenadas de perversión que por décadas las hemos consumido, tanto que la memoria de nuestra salvación y de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas es como un recuerdo adormilado de un pasado distante. La iglesia le ha creído al enemigo de nuestras almas, tanto que la vitalidad y el poder del Espíritu han sido entumecidos, no porque Dios no pueda, sino porque la iglesia transita por el camino de la apostasía, creyendo a los engaños y las mentiras de satanás. En incontables congregaciones no se predica la Palabra viva (Hebr. 4:12-13), sino opiniones humanas con interpretaciones rebuscadas y un mal entendido amor de Dios, para que los asistentes no se ofendan.

¿Podrá una iglesia así tener algún impacto en medio de esta sociedad que vive inmersa en auto-gratificación instantánea, libertinaje y drogadicción, odios, hogares destruidos, niños abandonados, violencia y abuso, robo y engaño por todo lugar?

¡A dejar las grasas artificiales y a alimentarnos de la Palabra pura! Ayudando a formar una iglesia sin mancha ni arruga. Recordemos que Dios está en control de todo y que cada uno daremos cuenta de qué es lo que hemos hecho con el evangelio que nos fue encomendado.
¡Adelante en el trabajo de vivir el evangelio rescatando al pecador!

Hasta la próxima edición…
RB por el equipo de HPLE

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