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Conflicto Espiritual en la Época de Jesús

10.7. 2019 Written By: Por Juan Driver 28 Times read

Esta es la segunda parte del estudio sobre guerra espiritual tomada del libro: “Estén Firmes no Teman” escrito por Juan Driver, Editorial Clara Semilla, 1998. Espero que lo disfruten y compartan. –Marco Güete

La metáfora de guerra por parte de Yahveh también juega un papel importante en las páginas de los Evangelios sinópticos. Aquí se presenta con variedad de matices. Los Zelotes apelaban a este paradigma para apoyar su lucha a favor de la liberación nacional. Una guerra que liberara a la nación de Israel era, según ellos, también la guerra de Yahveh; una guerra para establecer el reinado de Dios. Esta ideología gozaba de amplia acogida en la época de Jesús.

Otro matiz de este concepto de la guerra de Yahveh, presente en la época de Jesús, se hallaba en la visión demoniaco­cósmica característica del judaísmo tardío. Durante el periodo de los dos testamentos, se desarrolló ampliamente la idea de una multitud de demonios que, bajo su señor Belial, mantenían en servidumbre a la humanidad. La literatura de la época describía la rebelión de los ángeles y de Satanás contra Dios hasta tal  punto  que el mundo parecía estar bajo el dominio de las fuerzas demoniacas.

Debido a la ausencia de voces proféticas en Israel durante este tiempo, sumado al sometimiento político del pueblo de Dios, a la falta de intervención milagrosa de Dios para salvarlos y al sufrimiento de los justos, acompañado de la aparente prosperidad de los malos, surgió la esperanza en la intervención de Dios con la que los demonios serían expulsados y el reino de justicia divino sería establecido (Bender, 1987: 27).

En  la comunidad  de- Qumrán  también se pensaba que el mal en el mundo se debía a los demonios y a su fe en Satanás. Ellos concebían una lucha espiritual entre “el espíritu del error”  y  “el  espíritu de la verdad”. Esta lucha terminaría en una guerra cataclísmica con la venida del Señor. Y Belial y sus cortes serían destruidos. En este proceso, la visión profética que percibía a las naciones como adversarias de Yahveh fue espiritualizada. Así que la guerra de Yahveh llegó a concebirse esencialmente como un conflicto cósmico-espiritual, más que terrenal-político. Este fue el contexto en el que apareció Jesús con su anuncio de: “el Reino de Dios se ha acercado” (Mr. 1:14-15).

1. Jesús como guerrero divino

Hemos observado cómo el paradigma de la guerra de Yahveh se empleaba en el Antiguo Testamento para comprender la actividad salvífica de Dios. En los evangelios sinópticos y especialmente en Marcos, la misión de Jesús es presentada median­ te la figura del Guerrero divino en una lucha espiritual contra todos los poderes del mal a fin de establecer  el Reino  de Dios. El relato del bautismo  y  las  tentaciones de Jesús junto con su anuncio del reino, introduce el contexto de conflicto en el que la misión mesiánica de Jesús se llevará a cabo (Mr. 1:9-15). El descenso del Espíritu de Dios sobre Jesús es una señal del poder divino con que Jesús fue investido (Mr. 1: 10). Fue en el poder del Espíritu Como hemos visto, la derrota de Satanás y de sus huestes era un elemento clave en la esperanza escatológica del judaísmo contemporáneo. Así que, al colocar el relato de las tentaciones al principio de su evangelio, Marcos parece estar indicando que el conflicto contra los poderes de los últimos tiempos comienza en el mismo momento en que Jesús inicia su ministerio en la tierra. Aquí se marca el inicio de la restauración de la soberanía de Dios sobre su creación mediante la conquista de todas las fuerzas espirituales y humanas del caos y del mal, que están en rebelión contra Dios.

2. Los exorcismos

Los exorcismos descritos en los sinópticos son evidencia clara que la guerra escatológica contra los poderes del mal han comenzado. “Si yo por el Espíritu de Dios  echo  fuera  a  los  demonios,  ciertamente  ha  llegado  a vosotros  el Reino de Dios” (Mt. 12:28). Los endemoniados son el campo de batalla específico en el cual este conflicto entre el poder  del  Espíritu de Dios y los poderes satánicos se realiza.

Hay una serie de elementos en los relatos de  los exorcismos  que apuntan  a la metáfora de la guerra de Yahveh. El verbo, “reprender,” que aparece en la versión dada por Marcos 1:25, 3:12 y 9:25 era un término común en el Antiguo Testamento para describir la lucha entre Yahveh y los poderes del caos. En el Antiguo Testamento, solo Yahveh tenía la autoridad para “reprender” y la dirige contra: las aguas primordiales, el mar, los enemigos de Jerusalén y de los pobres y contra Satanás. Así es que, Jesús, al emplear el término, está continuando la lucha de Dios contra las fuerzas del mal. Jesús mismo juega el papel de Guerrero divino.

Cuando los demonios reconocían públicamente a Jesús como “el Santo de Dios” (Mr. 1:24), estaban admitiendo que son víctimas en las luchas de Dios contra el mal. Esto era parte de la visión profética de la lucha escatológica contra los poderes malignos. “Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla… y vendrá Jehová mi Dios, y con Él todos los santos.” (Zac. 14:3,5).

Jesús mismo interpreta el significado de los exorcismos en Marcos 3:21-30. Cuando le acusan de estar poseído por príncipe de los demonios, Jesús responde que en los exorcismos el reino de Satanás se estaba derrumbando. “Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.” (Mr. 3:27, cf. Is. 49:24-26). En el marco de la lucha de Yahveh contra los poderes del mal, Jesús, en sus exorcismos, juega el papel de guerrero divino contra los poderes del caos y del mal. Sus victorias sobre los demonios anticipan la conquista final del maligno.

3. Los milagros

En los relatos de cuando Jesús hizo milagros se observa una continuación del concepto de lucha contra los poderes que hemos visto en los exorcismos. El Judaísmo contemporáneo pensaba que toda clase de catástrofe, infortunio y enfermedad tenía un origen demoniaco. Así que, las sanidades de Jesús también son facetas de su conflicto contra los poderes diabólicos (Mr. 1:29, 31, 40-45, 2:1-12, 3:1-6, 5:21-4, 7:31-34, 8:22-26).

Esta imagen de conflicto contra los poderes del mal es especialmente notoria en los milagros relacionados con el mar. Calmar la tempestad y caminar sobre el mar simbolizan victorias de Jesús sobre Satanás. Esto es especialmente claro cuan­ do recordamos que en el pensamiento judío, el viento y el mar representan las fuer­ zas primitivas de caos contra los cuales Yahveh luchaba. Así que, en estos relatos Jesús es el Guerrero divino  que restaura el orden, calmando el viento  y  las  olas. En estas situaciones, Jesús obra de la misma manera en que Yahveh obraba en el Antiguo Testamento. “Entonces clama a Jehová en su angustia. Y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en so­ siego. Y apacigua sus ondas.” (Sal. 107:28-29).

Esta victoria sobre el mar también recuerda la lucha de Yahveh a favor  de Israel en el éxodo. En la visión profética, el éxodo fue descrito en términos  de  la  lucha de Yahveh contra los poderes del mal simbolizados  por  aguas  tempestuosas. “¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?” (Is. 51:10). Y este paralelismo es todavía más notable cuando recordamos que al llegar a la orilla Jesús liberó al endemoniado de Gadara, ahogando en el mar a “la legión” demoniaca, igual que Yahveh lo había hecho con las fuerzas opresoras egipcias.

En estas luchas contra los poderes malignos, simbolizados en la tempestad en el mar, Jesús “reprendió al viento” (Mr. 4:39). Ya hemos observado que este era un término común para describir la lucha de Yahveh contra los poderes satánicos, y que  también  fue  empleado  por  Jesús en los exorcismos.  Así que, el  significado de calmar la tempestad en el mar es claro: es una referencia simbólica a la lucha de Jesús contra los poderes malignos.

En el episodio de que Jesús caminó sobre el mar (Mr. 6:45-52), hallamos otro paralelo entre la misión de Jesús y la guerra de Yahveh contra los poderes del mal. En Job 9:8, Yahveh es el que “anda sobre las olas del mar.” Y el profeta Habacuc se refiere a Yahveh con el mismo simbolismo. “Caminaste en el mar con tus caballos, sobre  la  mole  de  las  grandes  aguas.” (3: 15). Estos milagros son símbolos directos de la lucha de Jesús contra los pode­ res del mal, tanto a nivel espiritual e invisible, como material y estructural.

En los conflictos de Jesús contra los poderes, reflejado en sus exorcismos y obras milagrosas, se destacan dos elementos. Primero, la actividad de Jesús trae a la memoria colectiva la manera en que Yahveh luchó a favor de su pueblo, que­ dando la participación de este en el conflicto a un nivel secundario. Aquí el hijo de Dios lucha contra las fuerzas cósmicas y espirituales que atan a las personas a toda clase de esclavitud y sufrimiento: físico, emocional, ideológico y espiritual y por iniciativa de Jesús son liberadas.

Segundo, al igual que Yahveh en el Antiguo Testamento, Jesús lucha contra las fuer­ zas malignas cósmicas, simbolizadas por e caos. Estas fuerzas del caos no limitan sus manifestaciones tan solo en la naturaleza, sino que se incorporan a la historia humana en las personas endemoniadas y enfermas. Además también se incorporan en las estructuras, tales como las ideologías mesiánicas nacionalistas, las tradiciones religiosas y los conceptos errados. Como resultado de la actividad de Jesús, surge el Shalom. Las personas son liberadas (Mr. 1:26 et al), sanadas (2:12 e al), alimentadas (6:42-44), iluminadas  (1:27 y restauradas en la comunidad conforme a los propósitos de Dios (1:41 et al). El principal adversario en este conflicto es el poder demoniaco espiritual y su señor cósmico: Satanás (Mr. 1:13). El conflicto se libra en la esfera histórica de la vivencia cotidiana, pero el adversario tiende a ser más espiritual que material.

4. La muerte de Jesús

Según la visión neo testamentaria, hay una fuerte relación entre la lucha de Jesús contra los poderes del mal durante su vida que se extiende incluso a su muerte. La crucifixión de Jesús no fue una derrota en manos de los poderes, sino paradójicamente la ocasión de su victoria, posteriormente vindicada por Dios mediante la resurrección.

En los sinópticos, las funciones del rey en el pueblo de Dios sufrieron una redefinición. Aunque Jesús fue presenta­ do como el esperado “hijo de David,” su ministerio fue más parecido al de-los pro­ fetas Moisés y Elías, que al del rey David. Su reinado culminó en una cruz:, en lugar de un trono, según las expectativas de sus discípulos (Mr. 8:31-33 et al). En lugar de destruir una legión romana, según el estilo guerrero davídico, Jesús luchó contra la legión demoniaca al estilo de Moisés la cual fue destruida  en el mar, al igual que  la caballería egipcia en el éxodo (Mr. 5:13).

Jesús rechazó la ideología militante nacionalistas de su época, alineándose con la visión profética del Siervo Sufriente de Yahveh. Declaró su intención específicamente tres veces en el Evangelio de Marcos, e indicó a sus discípulos que este modelo sería también aplicable a ellos (8:31-37,   9:30-36,   10:32-45).   Jesús  percibió que la estrategia del Siervo Sufriente, que “no gritaría, ni alzaría su voz, ni la haría oír en las calles, no quebraría la caña cascada, ni apagaría el pábilo que humeare; ·por medio de la verdad traería justicia” (Is. 42:2-3). era la estrategia de Dios en su lucha contra los poderes. Este es el . mismo contexto en que el profeta presentó la visión del Siervo Sufriente en al Antiguo Testamento (Is. 40:10, 1:2).

En lugar de ser un rey de nacionalista, Jesús insistió en ofrecerse “por todas las naciones.” La lucha que sostuvo en el patio del templo contra los poderes a fin de que fuera “casa de oración para todas las naciones,” condujo directamente a su crucifixión (Mr. 11:17-18). En lugar de “destruir a las naciones,” Jesús sufrió y murió por la salvación de todas ellas.

En el Evangelio de Marcos, la función real de Jesús está estrechamente relacionada con la cruz. Seis veces el título “rey” es aplicado a Jesús y todas están en el contexto de la crucifixión (Mr. 15:2, 9, 12,18, 26, 32). Jesús es proclamado Rey, mientras irónicamente los agentes de los poderes se burlan de  él  (Mr.  15:18-20). En el momento de la muerte de Jesús, el velo del templo se rasgó y el centurión clamó: “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.” (Mr. 15:38-39).  Simbólicamente, los poderes manifestados aquí en la institución religiosa elitista y alienante al igual que en el poderío del Estado para imponerse, mediante la máxima expresión de su autoridad, la pena de muerte, quedaron expuestos en su derrota.

Jesús, en su lucha contra los poderes del mal, murió en la cruz porque se atrevió a ser obediente a la voluntad del Padre, hasta la muerte misma. Aquí más que en cualquier otro momento, se percibe el poder de la unción del Espíritu de Dios sobre él. Se atreve a morir, confiando en  la vindicación de Dios, tanto para con su propia salvación, como por la causa del Reino. El combate victorioso de Jesús contra todos los poderes demoniacos del mal consiste en su resistencia a las muchas tentaciones a negociar sus valores con ellos, y en su fidelidad absoluta al Padre. De esta manera, Jesús es el modelo máximo para la iglesia en su conflicto con los poderes. En este contexto Jesús invita a sus discípulos a seguirle (Mr. 8:34-35). Y en este contexto Jesús les otorga la autoridad para continuar su lucha contra los poderes del mal (Mr. 6:7 et al).

 

Para Mayor Información

Puede comunicarse con Marco Güete, Director de Ministerios Hispanos para la Educación Pastoral y de Liderazgo de la Agencia Menonita de Educación Marcog@MennoniteEducation.org