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Conflicto Espiritual Entre los Escritos Paulinos

11.22. 2019 Written By: Por Juan Driver 21 Times read

Esta es la tercera parte del estudio sobre guerra espiritual tomada del libro: “Estén Firmes no Teman” escrito por Juan Driver, Editorial Clara Semilla, 1998. Espero que lo disfruten y compartan. –Marco Güete

En los sinópticos, el conflicto entre Jesús y los poderes del mal se relata con lenguaje y simbolismo demoniaco. En los escritos paulinos, los poderes hostiles contra los cuales luchan Cristo y la iglesia se describen con una amplia gama de términos. A continuación mencionamos algunos textos principales.

Romanos 8:38, 39:

“Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada…”

Romanos 13: 1, 3:

“Autoridades … autoridad… magistrados…” Romanos 16:20, 2; Corintios 11:14, et al.: “Satanás.”

Primera Corintios 2:8:

“Los príncipes de este siglo.”

Primera Corintios 15:24-26:

“Todo dominio, toda autoridad y potencia … y et postrer enemigo que será destruido es la muerte.”

Segunda Corintios 4:4: “El dios de este siglo.”

Efesios 1:21, 22:

“Todo principado y autoridad y poder y señorío… todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero.”

Efesios 2:2:

“El príncipe de la potestad del aire, et espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.”

Efesios 3: 10:

“Los principados y potestades en tos lugares celestiales.”

Efesios 6:11, 12, 16:

“Las asechanzas del diablo… contra

Colosenses 1: 16:

“Las cosas…visibles e invisibles… tronos… principados… potestades.”

Colosenses 2:10, 15, 20:

“Los principados y las potestades … los rudimentos del mundo.”

La variedad de matices con que estos términos son empleados en el Nuevo Testamento es impresionante. En las citas donde aparecen los términos, se hace en forma intercambiable. A veces aparecen en pares y otras veces individualmente. Las combinaciones de términos varían de una cita a otra. A veces parecería que la referencia primaria apunta a poderes espirituales cósmicos. Otras veces las señales apuntan a poderes que están a la vista y son materializaciones, tanto personificadas como estructurales. Todo esto sugiere cierta falta de precisión en el uso de los términos. Pero hay un denominador común; todos los términos apuntan a un poder, ejercido de una manera u otra. En general, esta es la forma en que los términos son empleados dentro de la Biblia y fuera de ella en la literatura contemporánea (Wink, 1984:13-23).

Hay buenas razones para pensar que estos poderes son realidades esencialmente espirituales. En el medio ambiente grecoromano del Nuevo Testamento, se concebían las fuerzas espirituales en términos de astrología oriental. Y en estos círculos se empleaban los mismos términos que Pablo usa para referirse a estos poderes. Se concebía una red de poderes espirituales activa detrás de las manifestaciones concretas de los gobiernos humanos. Así que es comprensible que Romanos 13:1-2 incluya una referencia espiritual al igual que la humana.  También el judaísmo, tanto en el Antiguo Testamento, como en el periodo intertestamentario, hubo el concepto de los poderes espirituales. Se pensaba que estos poderes habían sido establecidos por Yahveh y ejercían cierta autoridad en las esferas cósmicas y humanas. Esta visión surgió en Israel especialmente a partir del exilio. Pero según la convicción judía, este orden celestial de poderes angélicos se habrá corrompido y vuelto rebelde. En el judaísmo tardío se pensaba que el universo había sido organizado, hasta cierto punto, bajo una jerarquía compleja de poderes espirituales.

Tanto el trasfondo judío, como el grecoromano, arrojan luz acerca del uso neotestamentario de estos términos. “Los príncipes de este siglo,” responsables de la crucifixión de Jesús en Primera de Corintios 2:8, serían estos poderes, o ángeles, invisibles junto con sus contrapartes humanas, “los principales sacerdotes y ancianos, “Herodes y Poncio Pilato,” et al (Hch. 4:23, 27). “Autoridades” (exousiais), en el plural, probablemente se refiere a estos poderes espirituales, mientras que “autoridad” (exousia), singular, podría referirse a las autoridades humanas (cf. Ro. 13:1, 2).

A raíz de los acontecimientos en Europa entre 1935 y 1943, algunos teólogos empezaron a ver con mayor claridad las formas humanas y estructurales que tomaban estos poderes malignos. Uno de estos teólogos era el holandés, Hendrik Berkhof que estudió en Berlín durante 1937. Él fue testigo de la forma en que estos poderes espirituales estaban literalmente “en el aire.” Los poderes del Volk, raza y el Estado empezaron a ejercer un dominio sobre la sociedad con una creciente fuerza maligna (Berkhof, 1962:23).

A partir de estas, y otras experiencias semejantes, Berkhof, Markus Barth y otros han enfatizado el rostro histórico y humano de los poderes invisibles del Nuevo Testamento como en la alianza judío-romana di­ rectamente responsable de la crucifixión de Jesús (1 Co. 2:8).

De esta manera, se advierte contra las dimensiones notablemente demoniacas de las estructuras e instituciones humanas. Por una parte, los poderes son necesarios para ordenar la convivencia humana en la sociedad. Por la otra, pueden volverse malignos y destructivos. Berkhof llega a decir que: “Los poderes son las estructuras.” (Berkhof, 1962:15). Esta identificación de los poderes, es sin duda, una simplificación que va más allá de lo que la evidencia bíblica permitiría. Si bien es parte de la verdad, no parece ser una explicación plenamente adecuada.

En un estudio reciente acerca del tema, Walter Wink destaca la preeminencia del concepto de los poderes a través de todo el Nuevo Testamento. También señala que la gran mayoría de los términos usados para referirse a “poder” en el Nuevo Testamento, son referencias concretas a los seres humanos que los ejercen, o a las estructuras sociales que los manifiestan (Wink, 1984:12). Y esta conclusión también encuentra apoyo en las referencias al término y en la literatura judía contemporánea del Nuevo Testamento.

Después de resaltar esta sólida evidencia que relaciona los poderes con sus expresiones humanas y estructurales, Wink advierte que los poderes no pueden ser comprendidos bíblicamente a menos que se analice también la dimensión espiritual. Según Wink, para comprender los poderes en términos paulinos habría que concebirlos como una realidad compuesta de dos dimensiones, distintas pero inseparables. Una es la interior o espiritual y la otra es exterior o humana-estructural (Wink, 1984:107). Los poderes siempre se expresan de alguna forma. La humana-estructural conlleva la dimensión espiritual que constituye su esencia interior. Las manifestaciones humano-estructurales concretas siempre se caracteriza por una dimensión espiritual. Los poderes espirituales son realidades que requieren estructuras por medio de las cuales se puedan manifestar. Aparentemente no son espíritus que sencillamente flotan por el aire amorfos. El poder espiritual requiere su contraparte material y visible. En el Nuevo Testamento hallamos pistas que apuntan a esta misma dirección. En Marcos 5:1-13 el espíritu inmundo llamado “legión” aparentemente necesitaba tomar forma corporal de alguna manera. Lucas 11:24-26 señala la misma realidad. Podemos observar esta relación entre los poderes espirituales y sus manifestaciones concretas en la experiencia humana. Las ideologías, por ejemplo, no se limitan a flotar en el aire, sino que se transforman en movimientos sociales y/o políticos. Observamos en el nacionalismo de diferentes regiones, en los sistemas económicos, e incluso en las instituciones religiosas, la presencia de poderes espirituales. Estos no se explican por el mero conjunto de sus elementos materiales o estructurales, sino que ejercen influencias que son racionalmente inexplicables e impredecibles (Wink, 1984:104-107).

Jesús hacía exorcismo de demonios con la autoridad de la palabra de Dios y restauraba a las personas poseídas a la libertad de hijos e hijas en la comunión de la familia de Dios. De la misma forma en que la lucha de Jesús contra los poderes del mal se libró en ambas esferas, la interior-espiritual y en la exterior-estructural, así también la iglesia ha de continuar el mismo tipo de guerra espiritual. En su evangelización la iglesia proclama el reinado de Dios y la liberación de las personas de sus esclavitudes a los poderes malignos. Y en su servicio y acción social, la iglesia crea las nuevas estructuras salvíficas correspondientes. A menudo la evangelización de la iglesia se ha espiritualizado y ha pretendido ser estructuralmente neutra. Y por otra parte, sus servicio y acción social ha carecido de auténtica espiritualidad. El carácter global, interior/exterior o espiritual/estructural, de los poderes malignos requiere una estrategia integral, evangelizadora y restauradora (Wink, 1984:116-117).

En el Nuevo Testamento encontramos una notable indisposición por parte de las personas a especular acerca del origen de los poderes espirituales. Se mencionan principalmente para destacar la victoria de Cristo sobre ellos. Sin embargo, en textos como Colosenses 1: 16, por ejemplo, se da la impresión que los poderes espirituales formaron parte de la buena creación de Dios. Aparentemente, ejercían una función importante en los designios de Dios; función, que ahora no conocemos, pues algo sucedió y se ha estropeado. En sus pretensiones arrogantes de adquirir autonomía, los poderes espirituales se han vuelto rebeldes, desobedientes e ignorantes de la intención de Dios para ellos. De modo que nos encontramos en la irónica situación de no poder vivir sin ellos, pero tampoco podemos vivir con ellos. (Yoder, 1983:107).

 

Para Mayor Información

Puede comunicarse con Marco Güete, Director de Ministerios Hispanos para la Educación Pastoral y de Liderazgo de la Agencia Menonita de Educación Marcog@MennoniteEducation.org