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Estando Muerto, Todavía Habla (Heb. 11:5)

10.31. 2018 Written By: Por Tony Brun 25 Times read

El Dr. Tony Brun, teólogo, profesor y escritor ofrece la siguiente serie de estudio bíblico para ser coleccionada: Guías Para Encuentros de Reflexión Comunitaria. Esta es la sexta parte de la serie, con la esperanza que la disfruten, les sirva de recurso en el ministerio y que sea de gran provecho para todos los lectores. –Marco Güete

Introducción

Muchas gracias por esta celebración. Mis felicitaciones al Comité Mons. Romero, por todos los años de ejemplar servicio siguiendo las huellas del San Romero de El Salvador y de Latinoamérica. El pueblo salvadoreño ya lo había santificado hace casi 4 décadas.  Ahora, Roma sólo ratifica – no sin alguna resistencia – lo que el pueblo ya venía proclamado, en rezos silenciosos y en alta voces.

Gracias también por vuestra invitación a compartir este momento. Yo soy del sur. Pero mi cielo es continente. Latinoamérica es mi país.  Mi relación con El Salvador viene desde finales de los 80.  Cuando viajaba con frecuencia a El Salvador, y comulgaba en una comunidad de base católica de exiliados salvadoreños en Costa Rica.  Por estas memorias, me siento honrado y agradecido de poder compartir este momento con ustedes.

Hay una frasesita en el NT que siempre que vuelvo a ella, me recuerda a Mons. Romero. Una frase cortita, pero clara y potente como eran las sencillas palabras de Romero. Dice en la carta a los Hebreos: Estando muerto, todavía habla (Heb. 11:5).

Esto es verdad en el caso de Mons. Romero. Se fue, hace casi 40 años. Pero sigue hablando todavía. Con frecuencia la humanidad es visitada por este tipo de “santos”, vienen y se van. Pero sus palabras se propagan y se quedan.

Hoy quiero traer al corazón, – esto es re-cordar – algunas palabras de las audiciones radiales de Mons. Romero. Palabras que son oportunas hoy, palabras pertinentes y persistentes todavía hoy. Palabras que se siguen encarnando en cantidades de Comités Mons. Romero alrededor del mundo, especialmente en el mundo hispano, como ustedes aquí.

  1. El nuevo SIDA mundial (Síndrome de Insensibilidad Dócilmente Adquirido)

Todavía reina mucha violencia y odio en nuestro mundo. Pero ahora – como en el fascismo del siglo XX – la rabia y el odio vienen desde el sillón de los presidentes o de candidatos a presidente. No importa si son de derecha o si son de izquierda.  Pienso en Brasil, pienso en Nicaragua, pienso en Venezuela, y aquí en EEUU. Este país no es la excepción.

Odiar y ser corrupto es el último grito de la moda política.  Pareciera que un nuevo SIDA contamina el mundo, ahora desde el poder.   Es el Síndrome de Insensibilidad Dócilmente Adquirido.

Esta es la raíz de todas las crisis: la insensibilidad.  La crisis fundamental es la falta de sensibilidad de los humanos hacia otros seres humanos y que nos hace crueles y sin piedad.  Decir que nos tratamos como si fuéramos animales, sería ofender a los animales.

Ah, qué oportunas vienen las palabras de Mons. Romero cuando decía por la radio:

“Perdonen ustedes que son fieles, ustedes que me escuchan con amor, con devoción. Perdonen que les diga que me da más gusto que me escuchen los enemigos. Me están escuchando porque sé que les llevo una palabra de amor. No los odio, no deseo la venganza, no les deseo males. Sólo les pido que se conviertan, que se conviertan y que vengan a ser felices…”

El llamado a convertirse fue quizás una de las cosas más constantes en la palabra de Mons. Romero. Pero no convertirse a cualquier cosa, sino convertirse en humanos de buen corazón, esto es “en auténticos cristianos”, como decía Mons. Romero.

  1. Educación para la sensibilidad

La educación de la infancia y la juventud era siempre una inquietud de Mons. Romero.  Pero no cualquier educación, ni meramente la educación para saber más, o puramente para tener más. Quiero recalcar esto.

Mons. Romero sabía que los cambios en la vida de las personas y las sociedades, vienen también por una buena educación. Pero, ¿qué es una buena educación? ¿Es tener más doctores e ingenieros?  Pues, los nazis alemanes tenían muchos doctores e ingenieros que se las ingeniaban para exterminar a la gente inocente cada vez más rápido. ¿Qué es una buena educación? ¿Es para tener dinero, para tener mucha comida, buenos carros, grandes casas? Pues, este país tiene mucha comida, buenos carros, grandes casas. Y también tiene jovencitos estudiantes que compran armas para disparar y matar a sus compañeritos de la escuela.

¿Qué es una buena educación?

Yo trabajo en una escuela. Mis estudiantes son mamás y papás “latinos”. Hace dos años hice una prueba, un examen. Era una encuesta donde tenían que escribir qué es lo que quieren o esperan para sus hijos e hijas cuando sean grandes. Había 20 o 22 mamás y papás en la clase. Todos respondieron cosas como estas: “que sea abogado, que sea doctora, que tenga dinero para tener una casa grande, que se haga ciudadano de este país, que sea rico, que estudie mucho…etc.”. Nadie escribió cosas como: que sea feliz, que ame y sea amada.

Cuando Mons. Romero hablaba de la educación para niños y jóvenes, parece que tenía en mente una educación para la sensibilidad, educación para el servicio, una educación para amar, una educación para la solidaridad con los más humildes.  Escuchemos lo que decía:

“No fomentemos una educación que en la mente del alumno crea la esperanza de llegar a ser rico, de tener poder, de dominar. Esto no corresponde a nuestro momento. Formemos en el corazón del niño y del joven el ideal sublime de amar, de prepararse para servir, de darse a los demás. Lo otro sería una educación para el egoísmo, y queremos salir de los egoísmos, que son las causas precisamente del gran malestar de nuestras sociedades.”

Ah, Monseñor, tu palabra nos educa. ¡Aquí está! Una educación que “corresponde a nuestro momento”.

¿Nuestro momento es de inmigrantes? Entonces una educación que abra los brazos y las puertas. ¿Nuestro momento es de usurpación y egoísmo? Entonces una educación que extienda la mano para dar y no robar. ¿Nuestro momento es de codicia? Entonces una educación que se inclina, no por servidumbre sino para servir.

Ah, Monseñor, tu palabra nos educa. ¡Aquí está! “Formemos en el corazón de niño y del joven…”

Formemos en el corazón… ¿De qué sirve llenar la cabeza de mucho saber, si en el corazón hay una piedra?  ¿De qué sirve el mucho conocimiento, si la insensibilidad y la indiferencia se instala en el corazón de los jovencitos y jovencitas?  En las palabras de Mons. Romero esto sería “una educación para el egoísmo, que es causa del gran malestar.”

  1. Llamado a la bondad

En relación con todo lo anterior hay una palabra de Mons. Romero que me gusta mucho. Es como un llamado a la bondad. Debo decirles que es un mensaje muy en sintonía con lo mejor del mensaje de Buda y la compasión. Por eso me gusta.  Dice Mons. Romero:

La vocación original del hombre es la bondad. Todos hemos nacido para la bondad. Dios ha sembrado bondad. Ningún niño ha nacido malo. Valores que Dios ha sembrado en el corazón del ser humano, no son piedras raras; son cosas que nacen continuamente.   ¿Por qué entonces hay tanta maldad?

Porque los ha corrompido la mala inclinación del corazón humano y necesitan purificación.  Nadie nació con inclinaciones a hacer secuestros; nadie nació con inclinaciones para ser un criminal; nadie nació para ser un torturador; nadie nació para ser un asesino. Todos nacimos para ser buenos, para amarnos, para comprendernos.   ¿Por qué entonces, Señor, han brotado en tus campos tantas cizañas?

El enemigo lo ha hecho, dice Cristo. El hombre dejó que creciera en su corazón la maleza: las malas compañías, las malas inclinaciones, los vicios.

Las preguntas que Mons. Romero se hacía son las mismas que, a veces, aparecen en nosotros también. ¿Por qué a los malos parece que todo le va bien? ¿Por qué siempre se salvan aunque tuercen las cosas a su favor, y nadie los castiga? ¿Y por qué a los buenos y los inocentes siempre les cae el sufrimiento, siempre la injusticia? Siempre la ley como una culebra pica a los que andan descalzos. ¿Por qué?

Estas preguntas que Mons. Romero se hacía muestran su lado más humano, y su grande sensibilidad. Pero en sus respuestas lo tenía claro: esto no es lo que Dios quiere.  Dice: “Todos hemos nacido para la bondad… nadie nació con inclinaciones para ser un criminal… Todos nacimos para ser buenos, para amarnos, para comprendernos…pero dejamos que se nos corrompiera el corazón.”  Él estaba hablando a los jóvenes.

Es un llamado a la juventud, es una palabra dirigida a la juventud. Y 40 años después, sigue teniendo vigencia. Aquella juventud escuchó estas palabras, y las necesitaba. La juventud de hoy también las necesita.

“Queridos jóvenes, ustedes que están en el momento en que la vocación se decide: Piensen que todos hemos sido llamados a la bondad, y tengo que lamentar que la edad madura les deja en herencia tanto egoísmo, tanta maldad, pero ustedes jóvenes ¡renueven! son trigo nuevo, cosechas recién sembradas, campos todavía frescos con la mano de Dios.

Niños, jóvenes: ¡Sean ustedes un mundo mejor!”

Hay un poema de Uruguay que es también un llamado a la juventud de hoy.  Una poema que coincide con las palabras de Mons. Romero. Un poema que es un llamado a resistir y luchar contra tanta insensibilidad. Dice el poeta uruguayo Mario Benedetti:

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
[No] también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
[No] les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar la paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
[No] también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
y sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los granujas del presente.

  1. Inmigración tuya, inmigración mía. ¡Todos somos emigrantes!

Finalmente, en estos tiempos todavía habla la palabra de Mons. Romero sobre la inmigración. En estos días cuando más de 2000 hondureños están atravesando México, cada vez más al norte, paso a paso, golpe a golpe, bebés en los brazos, mochila en la espalda, ojos abiertos, futuro incierto, en estos tiempos Mons. Romero nos habla de derechos humanos e inmigración.

Una vez hice una encuesta entre mis estudiantes, toditos inmigrantes. Una de las preguntas decía: “Si en tu país hubieras tenido un trabajo digno, educación para tus hijos, un techo digno, un sistema salud pública eficiente, y poder andar con seguridad y sin miedo en la calle, ¿hubieras emigrado a este país?”. Toditos respondieron: “No.”

En Agosto de 1978, un campesino le decía a Mons. Romero: “Es que la ley, Monseñor, es como la culebra, sólo pica a los que andamos descalzos”

Apenas una semana después, Mons. Romero decía por la radio: “Es triste tener que dejar la patria porque en la patria no hay un orden justo donde puedan encontrar trabajo.”

Aunque la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice “toda persona tiene el derecho de circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”, la inmigración forzada por la violencia social y por la violencia económica, ya es una violación a los derechos humanos.

Los gobiernos de países – como éste – que hoy niegan la entrada a inmigrantes empobrecidos y que mandan el ejército a la frontera, y que ponen políticas migratorias contrarias al Derecho internacional, son los responsables históricos del problema mundial de la emigración forzada.

Los gobiernos de países – como éste, y como Francia, y como Alemania, y como Inglaterra, y como España, y otros –  que hoy niegan la entrada a los que antes empobrecieron, y defienden con violencia su intolerancia racista, son los mismos que desde siempre explotaron, saquearon, reprimieron y violentaron los países desde donde hoy llegan los inmigrantes.

Así funciona. Primero te invado, te exploto, te saqueo y condeno a la pobreza a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Después te muestro por la televisión las grandezas y chucherías inútiles de mi estilo de vida. Y finalmente cuando te vienes a reclamar algo de todo eso, no te dejo entrar.

Y todo indica que el actual flagelo de insolidaridad, se expande sin límites y sin que haya voluntad de solución.

Por esto, y por mucho más, las palabras de Mons. Romero siguen hablando todavía, denunciando todavía, pidiendo todavía…como siglos antes lo hacía el pescador de Nazaret: “¡Conviértanse…!”

A los dos los mataron. Los dos están muertos…pero todavía hablan. ¿Será porque resucitaron en el pueblo?

Dijo Jesús el Nazareno: “Todavía un poco y no me veréis; pero de nuevo un poco, y me veréis…”

Dijo Mons. Romero: “Si me matan, resucitaré en mi pueblo

Conclusión

En la primavera de 1979, Mons. Romero, siendo arzobispo de El Salvador viajó al Vaticano. Pidió, rogó, mendigó una audiencia con el papa Juan Pablo II:

-Espere su turno.
-No se sabe.
-Vuelva mañana.

Estas eran las respuestas.

Por fin, poniéndose en la fila de los fieles que esperaban la bendición, uno más entre todos, Romero sorprendió a Su Santidad y pudo robarle unos minutos.

Intentó entregarle un voluminoso informe, fotos, testimonios, pero el Papa se lo devolvió:
-¡Yo no tengo tiempo para leer tanta cosa!

Y Romero balbuceó que miles de salvadoreños habían sido torturados y asesinados por el poder militar, entre ellos muchos católicos y cinco sacerdotes, y que ayer nomás, en vísperas de esta audiencia, el ejército había acribillado a veinticinco ante las puertas de la catedral.

El jefe de la Iglesia lo paró en seco:
-¡No exagere, señor arzobispo!

Poco más duró el encuentro.

El heredero de San Pedro exigió, mandó, ordenó:
-¡Ustedes deben entenderse con el gobierno! ¡Un buen cristiano no crea problemas a la autoridad!

¡La iglesia quiere paz y armonía!

Diez meses después, Mons. Romero cayó fulminado en una parroquia de San Salvador. La bala lo volteó en plena misa, cuando estaba alzando la hostia.

Desde Roma, el Sumo Pontífice condenó el crimen. Pero se olvidó de condenar a los criminales.

Años después, en el parque Cuscatlán, un muro infinitamente largo recuerda a las víctimas civiles de la guerra. Son miles y miles de nombres grabados, en blanco, sobre el mármol negro. El nombre del arzobispo Romero es el único que está gastadito, gastadito, muy gastadito.

Aniversario 17º.  del Comité Monseñor Romero (DC área), Octubre 20, 2018

Para Mayor Información

Puede comunicarse con Marco Güete, Director de Ministerios Hispanos para la Educación Pastoral y de Liderazgo de la Agencia Menonita de Educación Marcog@MennoniteEducation.org