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Sopa Comunitaria en Iglesias Anabautistas-Menonitas en América Latina, Venezuela en la Crisis una Oportunidad

4.24. 2020 Written By: Javier Márquez 17 Times read

El Covid -19 es hoy quizá la forma más específica de describir nuestro presente. Absolutamente todos hemos visto nuestra vida reorganizarse para dar frente a la crisis epidemiológica mundial. El mundo se entera del tema tan rápido cómo suceden los hechos y las personas, quiéranlo o no, estamos íntimamente involucrados en el desarrollo de todo esto.

A pesar de este panorama mundial, las iglesias anabautistas del mundo continuamos encontrando en nuestra inspiración bíblica los incentivos para dar frente a la crisis, no dejando de lado dos de nuestros valores fundamentales en la forma que comprendemos las escrituras y el llamado a la iglesia: persistir en la comunidad y en la ayuda al prójimo.

Este es un reportaje  sobre el caso de algunas de las iglesias anabautistas en América Latina, con el fin de enterarnos de lo que están  viviendo nuestros hermanos y hermanas, de esta parte del continente, a la vez que acompañamos en oración a la comunidad global.

En México, como lo veremos en cada país, la iglesia ha optado por seguir reuniéndose a través de las plataformas virtuales. En el caso de la Iglesia Fraternidad Cristiana Vida Nueva, en la Ciudad de México, desde el primer domingo de la cuarentena, desde entonces tres, los y las hermanas han tratado de conectarse y compartir el servicio vía Facebook, siendo el caso de los dos primeros, y a través de ZOOM, en el caso del domingo 5 de abril. Este cambio, según la pastora Marisol Arriaga, se ha debido porque están buscando métodos que faciliten la participación de la congregación.

En cada país donde preguntamos se reporta lo mismo: México, Cuba, Colombia, Paraguay, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Puerto Rico, Honduras y Guatemala. En Asunción-Paraguay, Karina Bogarín, joven de la iglesia Maranata de los Hermanos Menonitas, resalta cómo los ancianos de su iglesia han tenido que inmigrar a las tecnologías contemporáneas y que ellos son, en gran sentido, los que más están animando a la oración y a la constante comunicación entre los herman@s.

El caso es que las iglesias han encontrado en la crisis una oportunidad para explorar y descubrir métodos diferentes de compartir entre herman@s. En Colombia, por ejemplo, la Iglesia Menonita de Teusaquillo en la ciudad de Bogotá, han incluso celebrado la Santa Cena en un servicio virtual donde cada quién, desde su casa, prepara los utensilios necesarios para compartir este símbolo de unidad en el cuerpo de Cristo y de memoria de lo hecho en la cruz por Jesucristo.

Una historia interesante es la del joven Santiago Manrique, objetor de conciencia y parte de la comunidad de la iglesia Menonita Ciudad Berna en Bogotá, que en los tiempos cuando empezaban todas las medidas regionales, se encontraba en Panamá y, debido al cierre de aeropuertos en su país natal, ha tenido que permanecer en este país. El contacto con sus herman@s y amigos de la iglesia vía WhatsApp y ZOOM, ha sido fundamental para poder vivir este tiempo tan lejos de su hogar.

En cuba, donde la situación es particularmente diferente a los otros países de América Latina en razón al difícil acceso al Internet, ha sido mucho más cumplido llevar reuniones online. No obstante, se ha practicado una red de comunicación por WhatsApp donde, los hermanos y hermanas que sí cuentan con este recurso, están informando de la situación de las familias, al menos en la Habana, según cuenta uno de los líderes de jóvenes de las iglesias anabautistas de Cuba, Moises Santana.

La congregación de maneras virtuales no es únicamente un ejemplo vivo del espíritu comunitario en medio de nuestras iglesias hermanas de los países de América Latina, es también un caso de responsabilidad social, por la actitud de comprender que la iglesia se encuentra inmersa, igualmente que todos, en un nudo social y que por tanto puede ser un actor de mejora o de perjuicio para la sociedad, según lo acertadas o no que sean sus decisiones.

Las reuniones virtuales no tienen el único objetivo de continuar con las actividades eclesiales dominicales, han sido sobre todo un método de cuidado mutuo. El Covid-19 está causando daños que van más allá de la sanidad social; la atención mundial a la crisis con sus medidas de aislamiento preventivo y de parálisis está generando problemas económicos y psicológicos graves.

Los y las pastoras insisten en lo difícil de mantener aislamiento social, sobre la soledad y el estrés que esto está produciendo en los hermanos y hermanas de las iglesias, por lo mismo, el valor que le dan al seguimiento virtual y a la exploración tecnológica por métodos que permitan más participación y contacto entre la congregación es algo a destacar.

Las iglesias de cada país están tratando de afrontar el problema económico que genera la cuarentena con ayudas coordinadas a las personas más necesitadas de las congregaciones. En Colombia, la Iglesia Menonita de Teusaquillo está tratando de repartir mercados a sus familias más necesitadas y entre estas se destaca el trabajo de ayuda a los inmigrantes venezolanos. En México, a través del Ministerio Sendas de Justicia, que nació hace dos años cuando sucedía lo de las caravanas de migrantes desde Centro América, se están donando mercados a los más necesitados.

Otro país con una situación peculiar debido a su situación política es Venezuela, donde también hay misiones e iglesias anabautistas. En la Isla Margarita, los pastores Euclides y Darnelis ayudan a la comunidad bahía bolivariana con panes que ornean y con bolsas de café, también hacen sopas comunitarias. En Caracas la comunidad del pastor Erwin Mirabal está cocinando fríjoles y arepas para compartir con las personas que viven en la calle.

En los diferentes países consultados de América Central, el Caribe, la Zona Andina y el Cono Sur se ha podido observar el trabajo de las iglesias en tratar de ayudar a los más necesitados con lo posible. Están surgiendo recolectas y donaciones para entregar a los más necesitados; se evidencia que las iglesias que previamente tenían un trabajo social activo han tenido más facilidad en contactar bancos de alimentos o entidades de apoyo. El pastor David Morales, Guatemala, ha explicado cómo su comunidad ha podido entregar suplementos higiénicos claves como el desinfectante y las mascarillas debido a una farmacéutica que pertenece a un hermano de la comunidad.

Por el momento no son muchos los casos reportados de hermanos o hermanas anabautistas contagiados en Latinoamérica. Sin embargo sí se tiene conocimiento del lamentable caso de un familiar del pastor José Manuel Guamán quien falleció por el virus en la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Cuya noticia ha creado una cadena de oración en diferentes países de la región.