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Ya no Podemos Ser Igual Somos Piel, Pies y Brazos de Dios

4.30. 2019 Written By: Por Rebeca González Torres y Fernando Pérez Ventura 20 Times read

Durante la migración hay dos sensaciones que acompañan este evento, la nostalgia y la pérdida. Durante 6 meses vivimos y experimentamos en Casa de Paz en Aurora, Colorado, estas sensaciones, la  propia y la de los que llegaban procedentes de varias partes del mundo. Casa de Paz es un espacio de transición que da refugio a inmigrantes que piden asilo político en Estados Unidos y proceden de cualquier parte del mundo y que han pasado por un largo proceso de solicitud de asilo político. Muchos/as han salido de su país de origen por voluntad propia para mejorar su calidad de vida, otros/as fueron expulsados por las circunstancias de peligro y violencia extrema.

Esto nos hace recordar el Salmo 137, porque proyecta sentimientos de pérdida, nostalgia, enojo y vacío existencial. Al leerlo e investigar su contexto histórico, político, social, cultural y religioso, podemos descubrir que estos cantores músicos del templo de Jerusalén viven una pena profunda por no estar en su país, y la exigencia de sus adversarios por complacerlos con sus cantos, no les es agradable a ellos, más bien les hace recordar las condiciones en las que se encuentran. Hoy Muchos podrían identificarse y reconocer estas emociones al experimentar una migración forzada. En los 6 meses que vivimos en Casa de Paz pudimos escuchar muchas historias de pérdida, dolor y sufrimiento extremo, en un proceso de calvario para lograr llegar al supuesto “sueño americano” (¿La gran Babilonia hoy?).

Tuvimos muchos aprendizajes pero por falta de espacio sólo mencionaremos tres: La aceptación incondicional al diferente por que es imagen y semejanza de Dios, respeto a usos y costumbres que muchas veces son opuestos a lo nuestro y aun así hay que compartir. Convertirnos en piel humana, pies y brazos de Dios que den refugio a todos/as que necesitan urgentemente amparo. Gracias a “Casa de Paz” por permitirnos servir a los inmigrantes en Aurora Colorado y gracias a Dios por darnos esta oportunidad de experimentar y aprender de nuestro prójimo.